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Nuestro niño interior
Qué hacer para recuperar a ese niño, tan olvidado, que llevamos dentro


  • Vivir las emociones. Están para eso: para ser vividas. Ni reprimidas, ni exaltadas. Básicamente, existen cuatro emociones: miedo, rabia, tristeza y alegría. Pero se nos prohibió tan pronto vivirlas que las hemos apilado en el trastero de nuestra vida. Permitámonos sentir y aceptar el miedo, no prohibirnos la rabia, asumir la tristeza y la alegría en todas sus formas. El único límite es el respeto a los otros y a nuestro equilibrio personal.
  • Desarrollemos la intuición, ese sexto sentido que parece tener tan poco que ver con la racionalidad. Ese olfato para captar los matices, para interpretar las situaciones y diseñar conductas, es más fértil de lo que parece.
  • Demos rienda suelta a la creatividad. Apartémonos de los cánones, de lo aprendido, de lo que nos lleva por carriles preestablecidos. Dibujar, pintar, modelar, cantar, tejer, tocar un instrumento, cultivar plantas o árboles, coleccionar, escribir... ¡hay tantas opciones atractivas par el tiempo de ocio!.
  • No perder el sentido de la curiosidad. Abramos las tripas a los juguetes de la vida. Descubramos nuevas geografías, personas o libros. Accedamos a otros conocimientos, a opiniones y culturas diferentes.
  • Demos más oportunidades a lo biológico, a lo sensual. Divertirse jugando con el cuerpo, con el sexo. Hagamos deporte, disfrutemos del aire libre, bailemos. Cada uno lo que prefiera.
  • Jugar por jugar, por el placer del juego en sí mismo. No por competir, ni por ganar. Desde el sedentario hasta el más activo, los juegos canalizan vivencias insuficientemente expresadas. Demos oportunidades a la risa.
  • Permitirse los sentimientos de indefensión. Aprender a pedir, a buscar ayuda a dejarse proteger y mimar. No por ello se menoscaba nuestra dignidad o supuesta fortaleza. Cuanto más oportunidades demos a los demás para que nos ayuden, más importantes seremos para ellos y más acogidos y seguros nos vamos a sentir.
  • Aprovechemos y fomentemos las oportunidades para desarrollar la fantasía y la aventura. Y, por supuesto, la capacidad de gozar.
  • No desperdiciemos momentos para pasarlo bien. Hoy puede ser un gran día, no esperemos a mañana.
(desconozco el autor)

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